#ÁFRICAVISIBLEC19 mALi

El 24 de marzo se detectaron los dos primeros casos de COVID-19 en Malí; dos días más tarde, para reducir la actividad social y los movimientos innecesarios de la población, se decretaba un toque de queda de 21 a 5 h, medida cancelada el 9 de mayo ante las presiones sociales. Así mismo, se cerraron todos los centros educativos y locales de ocio, se prohibieron los encuentros de más de 50 personas y se estableció la limitación de 8 pasajeros en el transporte público (medida, esta última, de una realización inviable). En el ámbito de movilidad y territorio, el gobierno ordenó con rapidez el cierre de las fronteras terrestres (excepto para mercancías) y la cancelación de todos los vuelos comerciales hasta nuevo aviso.

A pesar de estas medidas, el virus se sigue expandiendo por el país. El 21 de mayo (casi un mes después del brote y con 4.246 test hechos), el gobierno confirmó 931 casos positivos, 543 pacientes recuperados y 55 decesos. Con una afectación estimada de 4,6 positivos por cada 100.000 habitantes, se ha decretado el uso obligatorio de mascarilla en los espacios públicos y, por ello, a nivel gubernamental se ha impulsado la campaña optimista –pero difícilmente alcanzable– «1 maliense, 1 máscara». Se pretende distribuir gratuitamente 20 millones de mascarillas. 

El ministerio de sanidad ha ampliado las camas de UCI a un total de 100 y ha prometido la compra de 60 respiradores, que se sumarán a los 56 actuales que se encuentran distribuidos en tres hospitales de la capital (Bamako).

Por lo que se refiere al norte del país, donde no cesa la actividad de los grupos armados vinculados a Al-Qaeda y al Estado Islámico, el sistema sanitario es precario e insuficiente para tratar a los pacientes graves.

Una característica social importante del país en estos momentos es que el 90 % de la población es de religión musulmana y se encuentra en el mes de ramadán. Durante este período, las mezquitas han continuado abiertas sin distanciamiento social y la mayoría de la ciudadanía ha seguido el ayuno diario. Esto se traduce, por un lado, en un foco de transmisión del COVID-19 y, por otro, en una mayor debilitación del cuerpo ante el virus.

Por lo que concierne a la población más joven y teniendo presente que la esperanza de vida en Malí es de 58 años y que el 48 % de la población es menor de 14 años, el cierre de los colegios hasta mínimo el 2 de junio ha tenido un impacto brutal. Sin clase presencial, con difícil acceso a los programas educativos emitidos en televisión y con las huelgas previas del profesorado funcionario, la continuidad educativa se ha visto truncada; el alumnado de la escuela pública se encuentra actualmente en la calle o trabajando en el negocio familiar.

Por ello, el equipo local de Djouma está haciendo un seguimiento telefónico y presencial a los 16 alumnos y alumnas que beca en la escuela pública de Bandjougoubougou, así como unas jornadas de sensibilización puerta a puerta para difundir las medidas de prevención e higiene y distribuir jabón a 60 familias (unas 600 personas) de este barrio a las afueras de la capital.

#AFRICAVISIBLEC19

con djouma

  • Facebook
  • Instagram
  • Twitter - Gris Círculo

Llámanos:

642 896 500
637 808 532
649 945 153

Pregunta, infórmate:

info@orfanatosanroque.com

Reg. Nac. Asociaciones Nº 603846

ONGD inscrita en AECID

  • w-youtube
  • facebook

Nümero de visitantes: